La araña mortal y la paranoia

Ayer fui mordido (ojo, mordido, no picado) por una pequeña araña casera. Bueno, al menos eso es lo que creo y al menos eso es lo que cree el doctor que me revisó. "Felizmente parece ser que fue una bebé, una baby spider", me soltó el médico cuando vio el minúsculo punto rojo que tenía en mi codo.
La verdad, la historia es la que sigue. Me levanto tranquilo, sin ningún tipo de mordedura en mi cuerpo, y a las dos o tres horas me empieza una picazón en el codo, me levanto la casaca invernal con sol en la cara -vaya Niño- y resulta que tengo un gran círculo rojo en mi codo, con la piel como cuarteada y con puntos negros que en mi imaginación ya veo como grandes mordeduras de una de esas arañas violín o de rincón que tanto han popularizado los noticieros últimamente. La verdad, repito, es que la historia es la que sigue: hace dos años escribí para una revista local un artículo sobre estas arañas. El especialista al que entrevisté, del Instituto de Enfermedades Tropicales, quien previamente me había enseñado terroríficas fotos sobre el resultado de la mordedura de la araña de rincón y especimenes muertos de estas arañitas de patas rechonchas, me había dicho: "Hacen películas de viudas negras y tarántulas, cuando la mas peligrosa es la araña casera, la loxosceles laeta, el loxoscelismo es el que mata".
¿Mata?, pregunté yo.
Sí, mata: en tres días si el veneno se aloja en el riñón por la corriente sanguínea. Igual, si no te tratas, te pasará esto, respondió el doctor, mostrándome otra vez horribles fotografías de mordeduras: grandes montes negros en brazos, marcas deformes oscuras cambiando una cara normal en un verdadero hombre elefante.
¿Cómo sé que es una araña violín si no veo a la araña y sólo la mordedura?, pregunté, sabiendo que más del 50% de los casos el paciente NO ve a la araña. Las heridas son de color VIOLÁCEO -me dijo el médico-. Hay que tomar mucha agua y tratarse apenas se pueda, dejar pasar porque no parece grave es el peor error y lo que te conduce a la TUMBA -puntualizó el especialista.
Desde la escritura de esa nota, no he podido dormir tranquilo, esa es la verdad.
Poco tiempo después, amanecí cuando vivía con mi buen roommate Marcos Logan con una pequeña marca roja en el dorso de mi mano: la palabra VIOLÁCEO me vino a la mente enseguida. Me ardía, me escocía, me dolía, me psicoseaba. Llamé a mi amigo y le pregunté que le parecía. Son huevadas, Petit, -me respondió-. No hay nada ahí. No seas una NIÑA.
No pude estar tranquilo, me acordé de las palabras del médico "Si no se trata por menosprecia la mordedura, puede ser muy tarde". Las palabras cirugía, necrosis del tejido, riñón, muerte y algunas otras rondaban por mi mente. Lloré. De verdad lloré. Estaba realmente asustado. Llamé al especialista al que había consultado. Estaba en Chosica y desde su celular me confirmó lo que temía: no puedo ver la herida, pero no te corras el riesgo, hazte ver, antes de que sea tarde. Faltó decirme "o si no, morirás". Al final, gracias al seguro del buen roommate pude ver a un médico especialista: poco más y se mofa de mí. Con una lupilla observó mi mancha rojiza, que para nada era violácea para él y me preguntó, sin ambages: ¿tomas drogas? ¿Alucinógenos, ansiolíticos? Al ver que no era ese el problema, se rió, me mandó una crema y me hizo firmar. Estaba tranquilo. La historia pasó como la historia de “Petit y la araña mortal”.
Más de un año después, me pasa lo que al principio relato. Y me dije: ¿pasaré el mismo ridículo? Pero esta vez si era violácea la marca. Algunas personas de mi trabajo dijeron al unísono: ARAÑA. Por último, una chica que de verdad había sido mordida por una loxoceles laeta en la pierna hacía relativamente poco me dijo mejor anda, porque así lucía mi mordedura el primer día. El cuento de La migala, del mexicano Juan José Arreola, revoloteaba en mi mente otra vez… Así que fui al médico, pero sin temor. Se demoraron una hora en atenderme y a medida que pasaba el tiempo la "mordedura" se volvía más pequeña, ardía igual, tenía toda la pinta de ARAÑA, pero era más pequeña, para nada violácea ya, y realmente me daba vergüenza entrar al consultorio del médico así. Hasta me rasque la herida para que luciera un poquitín más roja...
Al final, el médico casi que me confirmó que había sido una araña, pero mucho más pequeña de las que mis temores pensaban y que con una pastilla durante 5 días y una crema todo pasaría. Y pasó. Aún me queda una pequeña marca algo VIOLÁCEA en mi codo, aún arde un poco y el miedo, ese sí, desapareció. Más vale prevenir que lamentar, decía la abuela de alguien.
















